Suelo definir a mi madre como una mujer intensa. Abogada de formación, en la vida real se desempeña como una especie de terapeuta gratuito que atrae consultas de la gente más disímil, en los sitios más inesperados. En la cola del banco, en el supermercado, esperando por algún trámite burocrático, seguro que a alguien -un total extraño- le da por revelarle en cinco minutos su vida entera de amores y desamores, y termina haciendo catarsis y terapia con mi mamá. Esa capacidad de relacionarse también se ve en todas las actividades extracurriculares que realiza, desde encabezar la junta de vecinos de su calle hasta realizar cursos de todo tipo. Tiene una extraordinaria capacidad de comunicación, pues.Por supuesto que ese don que tiene de conectarse íntimamente con el entorno le ha permitido acumular un sin fin de historias y anécdotas que servirían de sólida base para una exitosa novela. Y no me extraña que algún día muy cercano la escriba. Por ahora, acaba de terminar -primera en su clase, por cierto- un Diplomado en Escritura Creativa en la Universidad Metropolitana. Ya tiene encendida la vena de escritora y así ha encontrado una excelente vía para plasmar para la posteridad tantos cuentos acumulados a lo largo de su vida.
¡Prepárate Gabo, que por ahí viene Ileana!



